Un poquito de mí

  • PALABRAS DEL SILENCIO
  • Alborada
  • Mujer
  • Trabajadora sincera Poesía romántica Pintura
  • Por convicción, ver crecer a mi hijo convertido en un gran hombre y ser humano. Por principio, lealtad. Por pasión, pintar. Por circunstancias, escritos Amateur. Por persuasión, casarme con un vestido rojo. Por bandera, ver amanecer.

Aquí dejaron su huella...

Algunas frases...

"No hay corazón traidor para su dueño"
"El verdadero silencio es donde renacen las palabras"
"El alma es aquello por lo que vivimos, sentimos y pensamos"
"El amor es eso que queda entre el corazón y el alma de la otra persona"
"Hay personas silenciosas que son mucho más interesantes que los mejores oradores"
"El silencio es el único amigo que jamás traiciona"
Wednesday 3 october 3 03 /10 /Oct 03:26

buenaomala.jpg

Mi abuela era una mujer buena, conservadora, de casa, dedicada a su esposo y sus hijos, cosía, tejía, lavaba, cocinaba, planchaba, limpiaba, criaba, educaba y más.

Yo crecí viéndola desde que tenía un mes de nacida, siempre admiré su constancia, dedicación y el infinito amor con el que hacía las cosas, otro detalle que comprobé a medida que crecía, fue que le gustaba ser sencilla pero bien arreglada, con un maquillaje suave pero muy atractivo, usaba unas peinetas que variaban en 3 colores para coger sus cabellos, los mismos que pintaba sagradamente para cubrir sus canas y que modelaba también con ruleros.

Padeció muchos años del cáncer, aún enferma y en su fase terminal, no dejaba de hacerlo, ella quería seguir siendo atractiva para mi abuelo.

Su deseo al morir era que la maquillen para que él se lleve ese recuerdo y gesto consigo, mi abuelo nunca la vio desarreglada y vivió 6 años más presumiendo de ese detalle maravilloso que ella tuvo siempre con él.

Mi abuela vivió agradándole y mi abuelo supo corresponder y estar a la altura de ese gesto, creo yo, que ese fue el éxito de mantener vivo el amor, la pasión, el interés y más, esos 63 años que llevaron de casados.

Mi matrimonio duró 10 años, con el padre de mi hijo y primera pareja sexual, fue un amor pernicioso, que hizo de mí una mujer muy insegura.

Durante ese tiempo, fui la mujer buena, como lo fue mi abuela, con quién no lo merecía y en el camino olvidé por completo vivir para mí misma.

 

Después de algunos años, pensé qué tan favorable o beneficioso puede ser tomar básicamente la decisión de ser la mujer buena o la mujer mala, tener un poco de las dos, definir el rol de cada una, sus espacios y momentos; estableciendo un vínculo y equilibrio armonioso entre ambas.

Tratando de ser explícita en mi pensamiento y bajo cierta experiencia puedo definir lo que es para mí, el contexto de la mujer buena y la mujer mala.

La primera sería aquella que decidimos “la gran mayoría ser”, responsables, de la casa, dispuesta, amorosa, comprensiva, la que el resto del mundo piensa qué porque es la oficial, siente y vive feliz, pero verdaderamente muy aburridas en la cama, ya que todo eso le corresponde a la mala, y las malas son las que sin llegar a la vulgaridad se atreven a ponerse hilos, corset, baby doll, portaligas y todo tipo de lencería sensual y atrevida, esa que disfruta de todo aquello que la buena no tiene el valor de hacer, pero son las que la pasan bien en la intimidad.

Después de mi separación, todo en mi vida ha sido un proceso, pensando en lo expuesto, intenté definir el rol de las mujeres que quería conmigo.

Me puse a prueba todo el tiempo, parece una simpleza, pero tomar la decisión ha sido sinceramente compleja desde ese momento, ha sido como tener el angelito a tu derecha diciendo “no lo hagas” y al diablito del lado izquierdo diciendo “atrévete”.

No menosprecio a la mujer buena, ella no está en discusión, yo lo he sido; yo lo soy, fue parte de mi educación, formación, ejemplo, la llevo arraigada, me resisto a dejarla de lado, me niego a que no tenga su lugar de siempre, sólo decidí buscar y darle su lugar y momento a la mujer mala que tiene una mala reputación principalmente por sus seis primeras letras, no siéndolo y he caminado desde entonces con ellas de la mano.

 

Empecé por invertir en lencería, y a eso le siguió muchas cosas más, no necesariamente para conquistar  a un hombre, sino por la necesidad de creerme y sentirme bien conmigo misma (que es fundamentalmente la idea).

Ya no se trataba de agradarle a alguien sino de agradarme a mí misma, de reencontrarme o encontrar a esa mujer que había dejado por alguna parte de ese inclemente transcurrir de mis años.

Mis calzones variaban dependiendo de la ocasión, para la menstruación, para los días de ovulación, que cubran mi abdomen si llevaba un vestido, otros para jeans, etc., los de invierno y verano, qué chiste, todos de algodón y muy sencillos.

¿Cambiarlos? No!! Yo no hacía eso antes, pero fue muy gracioso y nuevo para mí cuando lo hice, pasé de tener una trusa de algodón a una de encajes, de una gigantesca a una diminuta, tanto así, que me sentía rara, semidesnuda y hasta torturada cuando usaba un hilo.

En el tiempo fui dejando mucha ropa ancha que también cambié por vestidos, faldas, jean y polos más sugerentes, nada exagerado, pero sí atractivo, que resaltaban mi delgada figura, de lo que dejé; no siento nostalgia para nada, aprendí a permitirme estar un día, sport, elegante, inocente, atrevida o qué sé yo, pero muy bien conmigo misma, descubrí muchas miradas y esa sensación admito que ha sido una rica experiencia.

 

Al escribir he ido recordando a mis amigas, a las que decidieron caminar de la mano de la buena y la mala y a las que no se atreven aún por prejuicios, dejemos claro que no hay machismo ni feminismo en esto, es una cuestión de sentirse plena con uno mismo y con la intimidad, fuera de esto no hay más, es estremecerse, es sentir libertad, sin ser juzgadas, ni juzgarnos a nosotras mismas, es ese momento de atrevimiento donde prevalece el respeto y la confianza y encontramos el equilibrio.

Muchas ya estamos más maduritas y es una edad muy pasional, quizá entrando a la adultez plena, y es donde pienso que necesariamente tenemos hoy por hoy la capacidad de ir por esa mujer mala que dejamos botada, con la que no quisimos cargar, esa que para la intimidad puede ser atrevida, pícara, una llama, una fiera, como cuando estás en la cama con tu pareja, y necesitas a la puta que llevas dentro (espero no herir la sensibilidad de alguien).

 

Hoy mi edad me gusta, pues si la comparo con lo que fui antes, realmente ahora me siento mucho más completa después de experimentarlo, y si comparamos esta época con nuestras antiguas generaciones , definitivamente es en este momento que contamos con mejores y mayores herramientas para poder seducir con estas dos mujeres, hoy hay menos miedos, menos temores al ridículo si decidimos ponernos un corset y portaligas por ejemplo, en la medida que vayamos encontrando el punto de equilibrio, poco a poco irán creando entre ellas muchos más espacios de confianza sin que te cuestiones lo que los demás piensen o tu misma pareja, es ahí donde ya dejas de disfrutar.

 

Permítete esos espacios de conquista, de risa, de juego, y hasta el ridículo si piensas que ese baby doll o corset no te queda como a las modelos armadas de siliconas, qué importa si eres gorda o flaca, seduce con tu naturaleza y las herramientas que la hacen aflorar.

Yo descubrí una nueva mirada, aprendí que la mujer  podía ser como aquella frase que canta que la mujer debe ser una dama en la calle, una señora en su casa y una fiera en la cama, aprendí que la pasión en una pareja se pierde con los años cuando dejas de hacer o descubrir nuevas formas que la hagan despertar o mantener viva a la pasión y lo más importante es que sentir la plenitud es algo que no tiene precio.
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Por Alborada
Thursday 13 september 4 13 /09 /Set 19:11

DileaDios

Sabes bien que a ti no puedo mentirte; es tan profundo esto que yo llevo en el alma, que sería absurdo, nadie podía conocerme tanto en tan poco tiempo como tú.

Es verdad, yo te quiero, lo hago en silencio, yo misma no puedo imaginar cuanto, sólo lo siento, siento como corre al igual que la sangre por mis venas.

Has sido ese primer eslabón de una cadena infinita de sentimientos, emociones, ilusiones y mucho más.
Yo tuve de ti lo mejor, siempre lo dije y lo sostengo, entre eso tu paciencia y cariño desinteresado y espontáneo, ese cariño que alimentaba y nutría.

 

Me escuchaste tantas veces, otras sólo me observabas en silencio, muchas otras con energía participabas, a veces sólo bastaba tus gestos y tu mirada para saber qué me querías decir, aprendí todo y mucho contigo, tu constancia era ese aliento para ser mejor día a día y tu compañía a tiempo completo, presente en el alma, en la mente, en la piel, qué más podría pedirte.


Sabes, nunca antes me sentí tan segura y fíjate, hoy sin ti soy tan vulnerable, más aún cuando olvidé completamente que cosa era “confianza" y confié en ti ciegamente, porque contigo fui yo misma.

 

Mucho y poco tiempo a tu lado, hoy siento como nuestro tiempo se acabó y no encuentro la manera de poder confesarte que no era cierto cuando yo de manera natural decía que sabía que algún día partirías, imponiéndote mi imagen de mujer fuerte; ante eso que hoy está apagando lentamente todo mi ser, pero era mi manera de no hacer triste nuestro momento, de no gastarnos en pensar que llegaría, de no verte partir de mi vida, no tenía valor, no quería perderte porque te quería con coraje.


Hoy no concibo continuar sin ti, si cuando discutíamos y nos alejábamos un poquito, no lo soportaba, y sé que tú tampoco, siempre uno y por puesta de mano, terminaba cediendo, sólo por vernos otra vez y estar bien.

Hoy, nada deseo más que tener la facilidad y libertad para seguirte, para buscarte, y me destruye saber que no puedo, que te quiero demasiado como para hacer algo que pueda complicarte, incomodarte o lastimarte.

 

Cariño mío, aquí dolida y aún con lágrimas en los ojos admito que me arrepiento de aquellas veces que sólo necesitabas que yo te diga que en mi vida no había nadie más, que tú eras dueño de mis sentimientos, me arrepiento de todos los planes que no llegamos a concretar, de esas veces que no pudimos dormir juntos, de esos momentos en que pude quedarme perdida en tu mirada, de acariciarte, abrazarte, sentirte, besarte, de no reprimir mis ganas y mis palabras.

Cómo no necesitarte, cómo no extrañar llegar, tus bromas y ocurrencias, cómo no extrañarte a ti ahora.

Te quiero, con un cariño desinteresado, te quiero aún sabiendo que ya no te permites quererme, te quiero callando, te quiero esperando y por sobre todo lo que siento quiero que estés bien, donde estés.

Porque contigo el amor es todo, porque nunca fue indispensable el lugar, porque no tomamos en cuenta el tiempo, porque encontramos mil formas de demostrarlo.

 

Si hoy pudiese pedirle algo a Dios, le diría que ya no quiero extrañarte, no quiero esperarte, no quiero fingir, no quiero recordarte, pensarte, llorarte, no quiero más ausencias, le pediría sólo que me permita estar contigo sin tiempo.
No sé si Dios me escuche, porque tengo un ángel en el cielo, porque quizá no fui buena hija, pero si tú puedes hablarle, si a ti aún te escucha, por favor dile que estoy muriendo de pena por un malentendido, que mi último y gran deseo es todo lo que aquí te confieso; por haber compartido una parte de mi vida a tu lado, en tu compañía.

Dile que no soy mala, dile que nunca sentí esto tan profundo, cuéntale que fuimos felices, coméntale que nunca dejábamos de reír, convéncelo que con tu cariño volví a nacer, suplícale que sólo necesito saber que estás bien, dile por favor que al perderte he pagado mis errores, dile que este sentimiento inmaculadamente puro que yo siento por ti merece ser retribuido, que necesito renacer, dile que acepto todo si el resto de mis días vuelven a tener sentido en tu compañía.

 

Por favor dile a Dios que aún te quiero…

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Por Alborada
Wednesday 12 september 3 12 /09 /Set 20:41

alguienmehacefalta

 

Todos tenemos alguna persona que nos derrite; que nos transmite tranquilidad; que al verla sonreímos; que nos acelera el corazón; que es nuestro remanso; que nos pone triste si no vemos, una persona a la que amamos incondicionalmente; alguien por quién seríamos capaces de entregar todo; alguien con quién tenemos la certeza que compartirá nuestra más grande alegría ó pena.

 

Todos tenemos una persona que disfruta de nuestra compañía, que cree en nosotros, que comparte nuestros sueños, que espera por nosotros, que sabe llegar a nuestro corazón, que donde esté nos piensa y qué mientras duerme somos protagonistas de sus sueños.

 

Todos; tenemos alguna persona que nos estremece; que nos produce ese inexplicable cosquilleo; esa persona con la que siempre podemos contar; que nos representa una hermosa debilidad y a la que no podemos resistirnos; alguien que con calidez socava nuestro ser y qué con amor descubre nuestro verdadero yo; alguien que sabe robarnos la sonrisa y borrarnos una lágrima; que llena nuestra vida con sublimidad.

 

Ó sencillamente esa persona a la que tuvimos que dejar ir sin comprender siquiera en ese instante por qué se va…

Siempre tendremos algo maravilloso que contar, alguna gran historia de quién compartió nuestros mejores momentos; nuestras mejores épocas, nuestros grandes secretos, en algún momento desearemos con nostalgia que aquello regrese y que esa persona vuelva a ser parte de nosotros.

 

Y por qué dejar de lado aquellas historias tristes ó a quienes sin merecerlo nos mintieron e hicieron daño, que jugaron con nosotros, robando nuestras lágrimas en esas noches de insomnio, encontrando madrugadas vacías y llenándonos de dudas, lo cierto es que en nuestro camino lo bueno y lo malo será nuestra mejor experiencia al haber vivido, un tributo merecido también…

 

De pronto esta mañana he regresado a aquellos recuerdos a los que no sé negarme, la esencia de mi memoria hoy me arrastra tras sus huellas y confieso: “Alguien me hace falta”… alguien qué con el paso del tiempo ha cuidado de mí, presente en cada instante, con una palabra de picardía, aceptando nuestras diferencias, con un abrazo de consuelo, confortándome con su compañía, sin reparos en decirme con sinceridad “estás en un error” y celebrando mis triunfos y aciertos como propios, prestándome siempre su atención.

No sé cómo, pero sabía cuando necesitaba sus palabras y cuando únicamente su presencia, sin esfuerzo ha sabido comprenderme, me ha regalado calma en las noches y un motivo para despertar feliz por las mañanas; con la única razón de creer que sí se puede volver a empezar.

Ha llenado mi vida de alegría y de aliento mis momentos más complicados, descubrí sentimientos puros y nuevos a su lado, sin juzgarme, siempre con la verdad, sin egoísmo, ni maldad y con coraje me enseñó a cuidar de mí misma.

Hemos sentido juntos la libertad, esa que guardamos con recelo, como nuestro tesoro que nos envuelve en la complicidad.

 

Conquistó mis días, con un inmenso cariño e intensa ternura, con profunda paciencia supo ganarse a pulso todo lo que hoy siento y agradezco al eterno por ello…alguien que ha marcado mi tiempo con lo mejor, que durante su estadía en mi vida yo he podido disfrutar, siempre con una sonrisa, con su tierna mirada, entreteniéndome con sus ocurrencias.

Y aunque en este momento no esté físicamente aquí; esta reminiscencia respira conmigo.

 

Quisiera poder cerrar mis ojos y encontrar nuevamente esa sensación y emoción por ese deseo merecido, que me llena y hace feliz…y aquí en mis letras voy encontrando a quién extraño. Difícil plasmar a esa persona tal como es, pero sé que si miramos el cielo, no podremos evitar recordarnos.

Hay algo entre nosotros que nunca va a cambiar, no tiene que ver él, ni con lo que desee o haga, sencillamente no se puede controlar.

Tiene que ver conmigo y cómo me siento a su lado y yo tampoco lo puedo controlar.

El tiempo no debemos contabilizarlo, pues nos conocimos y llegamos a un nivel en el que siempre estaremos, sin tiempo, sólo siempre, aunque sea en esta reminiscencia.

Juntos; no hemos sido nosotros, hemos sido algo más, algo de la vida, lleno de vida, lleno de intensidad, llenos de energía que trasciende y que transmuta en felicidad.

 

Soy muy afortunada, porque esa persona siempre fue más para mí, porque aun ausente puedo decirle Gracias!

 

Gracias; porque sé que sabes lo que siento, porque sé que me lees, gracias por permitirme compartir mi vida contigo, por enseñarme a ser agradecida, por la lealtad que sigue siendo mi punto de partida y de llegada, porque fuimos compañeros en este camino, porque me dejaste ser yo misma, por ayudarme a no olvidar que siempre tendré un motivo para continuar y sonreír, que las lágrimas sólo me visitarán en la soledad y que mi alegría permanecerá.

Gracias, por enseñarme que en los buenos y malos momentos (sobre todo en los malos) las personas dejan conocer su naturaleza.

Que no importa el tiempo ni la distancia porque el lazo de lo vivido nos unirá siempre, porque no importa el principio ni el final de la historia sino los verdaderos momentos que vivimos juntos, porque no existe motivo para no recordarte con alegría, aunque hoy esté sintiendo pena, no quiero riquezas, no quiero caridad, tenerte lo fue todo.

No importa las circunstancias, sólo “gracias” por haber compartido conmigo ese ser maravilloso que hay en ti.

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Por Alborada
Sunday 19 august 7 19 /08 /Ago 19:37

alejarse.jpg

 

Cuando nos alejamos pensé en la pseudo-relación que teníamos, nos entendimos por tanto tiempo como amigos sin atrevernos a dar un paso adelante, para terminar dando un paso al costado.

Me he preguntado ¿qué faltaba para que la misma comunicación que teníamos como amigos, fluya de igual manera para expresar nuestros sentimientos?

Y es que creo que su lado material no se entendía con mi lado humano, su pasividad no se conectaba con mis energías, nuestro orden de prioridades no coincidían, sumado a que yo tenía clarísimo no abandonarme a la pasión en algo que consideraba incierto.

Siempre hubo mucha armonía entre nosotros y él aportaba también una gran cuota a eso, no cabe en mí la menor duda; de que sentíamos un inmenso y especial cariño por el otro, pero amarnos era un piso más arriba y yo en ese momento tenía terror a las alturas y al soroche.

 

Alguna vez pensé que bastaría con nuestros “gustos en común”, como… como… como… Bueno, no importa, pasado un tiempo asumí que lo único que nos unía después de lo que habíamos vivido, era esa necesidad de sentir que es bueno tener a tu lado una persona que  tiene perfectamente clara la importancia de ser fiable para el otro, más que expresar lo que sentíamos y si lo sentíamos realmente, sin tener claro eso; nunca llegaríamos a buen puerto. Quizá no teníamos muchos gustos en común, pero su compañía era más que agradable para mí, demostraba ser frío o materialista pero para mí siempre tuvo palabras cargadas de dulzura y protección.

 

Nunca le dije para alejarnos, pero las circunstancias lo hicieron decidir qué era lo mejor y lo extrañé. Muchísimo. Pero no lo llamaría para quedarme a su lado por comodidad o por no sentirme sola y cuando lo pensaba, recordaba nuestras anécdotas, sus detalles, sus ganas de engreírme y hasta ese acostumbrado silencio cuando no teníamos nada de qué hablar, sobre todo el gran cariño que me tenía y lo muchísimo que disfrutaba de mi irónico sentido del humor, me lo dijo muchas veces camuflando su afinada puntería.

 

Sonreía y al viento le esbozaba mi deseo de que le vaya bien, que encuentre lo que en verdad quería y que muy oculto buscaba, que merecía también, una chica valiente y decidida a apostar por él y por descubrir todo aquello que él podía ofrecer, que le permita expresarse con libertad, que no tenga dudas y prejuicios, una suertuda pues y esa chica no era yo.

Yo sólo me permitía pensar que él jamás la iba a engañar, que la iba a querer con esa ternura innata en sus palabras y actos, que haría de ella una de sus prioridades, la enamoraría con su honestidad al entregar lo mejor de él y sería una buena persona como lo fue conmigo.

 

Nada de lo que compartimos nos salvó de alejarnos, mientras todos me decían “el que se va sin ser echado, regresa sin ser llamado”
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Por Alborada
Friday 17 august 5 17 /08 /Ago 03:21

loquenosupedecir

Hoy he vuelto a recordar ese momento; una y otra vez…

 

Caminábamos por esa solitaria calle buscando un taxi, era una de esas noches frías donde el viento helado atravesaba mi abrigo, logrando entumecer mis huesos.

Luego de un silencio empezó a hablar, cuidadoso en cada palabra; iba enumerándome sus múltiples razones que justificaban su manera de ser, sentir y lo que realmente quería que yo entienda; al escucharlo.

Pocos minutos fue su sesión de palabra, pero suficiente para poner a prueba mi sensibilidad.

 

Yo escuchaba en silencio, refugiándome en la oscuridad de aquella esquina, escondiendo en ella mis ojos cristalinos, no era justo que él cargase con mis lágrimas, si yo sólo significaba alguien “especial”, absurdo orgullo quizá pero prefería romperme a solas que doblarme frente a él, como me decía mi abuelo “es mejor morir de pie que de rodillas”.

Era el momento preciso para una sinceridad desprovista de todo y decirle lo que yo pensaba y sentía también, sobretodo que desde que lo conocí, él era una de esas razones que hacían mi vida mejor, pero no pude.

Yo no tenía reproches, el trato que teníamos, se rompió mucho tiempo atrás, pero como podíamos tratábamos de respetarlo sin alertar nada, aún corriendo el riesgo de enamorarnos uno del otro, pero eso no pasó con él, sin embargo yo sin darme cuenta ya me había enamorado del día a día, y de cómo era mi vida a partir de eso.

 

Me quedé parada como una extraña, mientras él pedía que conecte mi mirada con la suya,  zambullida en mi indiferencia intentaba por ratos situar mis ojos arrogantes en la avenida; con el pretexto de ver con suerte aparecer un taxi que haga menos comprometedora mi estadía ahí.

 

Me separé despacito, con un temblor que me abarcaba todo el cuerpo, entre la duda y la nostalgia le sonreí; nos dimos un beso en los labios, caminé directamente al auto sin voltear, abrí la puerta trasera y subí.

Sentí pena de regresar a lo incierto, a no saber qué sigue después, y aunque él no se estaba despidiendo, yo sentía que dejaba en esa esquina, el sabor de que lo “nuestro”  pudo haber sido una gran oportunidad.

 

El taxi me dejó en casa y me refugié en el calorcito de un café; me senté en el lado derecho de mi cama con su imagen en mi mente, visualizando su mirada de aquellas primeras veces en las que era una incógnita para mí y sonreía cómplice conmigo misma, porque hay algo que aún no puedo creer, y que es algo innegable, nuestra “química” cuando estábamos juntos.

Alguna vez traté de encontrar la fórmula que revocase ese ingrediente secreto de atracción ¿Vital ó Fatal? de cualquier forma doloroso cuando tengamos que despedirnos, pero fue inútil…

Tenía una sensación de frío del que no sé explicar exactamente su causa, pero confiaba que el café, humeante y calentito, me reconforte como él también sabía hacerlo.

 

Esa noche me dormí cuestionándome…

¿Qué culpa tenía yo de su pasado? ¿Qué culpa tenía él del mío?

Quizá tenía miedo al amor, y yo ya conozco de sobra esa historia, quizá llegué tarde a su vida, quizá existía amor pero por miedo nos negábamos a respirarlo, en fin, yo ya había tenido su sonrisa y hasta un poco más, y admito que fue un verdadero regalo.

 

Recién entendía cuando un día me dijo “sabes linda; muchas veces pienso que eres una mujer que merece un buen hombre, porque veo que eres una buena mujer, enseguida cerré mis ojos pensando que muchas veces creí que era él, tal vez yo estaba equivocada; tal vez con suerte también algún día yo encuentre a esa persona que me permita el atrevimiento de decir lo que no le dije a nadie, de declarar y demostrar mi amor con libertad y sin miedo a perderlo, que sea mi amor y sea mi amigo, quizá estaba pidiendo mucho, lo único que sé; es que a pesar de lo mucho que yo lo quería, él no me necesitaba y cuando el amor no es correspondido el acto de amor más grande es dejar ir a esa persona y esa noche el adiós; es lo que no supe decir…

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Por Alborada

Un pacto para vivir

  • PALABRAS DEL SILENCIO
  • : Pase por tantas cosas como la de un amor que parecía dibujar promesas en la arena, de aquellas; que se borran con el pasar del tiempo ó con el venir del mar… Por ello mi amor, hoy por hoy, lo declaro en persona y lo escribo día a día en mi corazón esperando compartir con esa persona un gran amor… En mi orilla se dibujan emociones, no es que muera de amor, simplemente muero por sentirme amada…
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