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17 enero 2015 6 17 /01 /enero /2015 21:09
Papá no está, pero sí existe

A lo largo de mi vida me di cuenta que existen buenos y verdaderos padres, los que se atribuyen fácilmente tan honorable privilegio en el mejor lugar sin duda, como si realmente lo merecieran.

Otros que parten sin dar señales de vida, aquellos que sólo usan a sus hijos para presumir, los simplemente desconocidos, los que cuando le dices “estoy embarazada” te miran con cara de “no sabe, no opina” y al instante siguiente lavan sus manos cual Pilatos.

Los que sólo fueron padres resultado de algún amor pasajero en una noche ardiente y en el parpadeo huyen o no les queda más que asumir, y porqué no, sin juzgar a los que por ciertas circunstancias no pudieron serlo como mi padre, sin olvidar también a los que lamentablemente ya partieron.

Peor esos que no lo pueden ser porque las madres condicionan el tema del dinero para dejarlos ser padres. Algo que no comparto.

Por ende todos ellos, en muchos casos, poco valorados, por el hijo, la madre o la misma sociedad.

Existen de todo, pero no a todos se les da eso de ser papá.

Pero qué; de aquellos que sin haber engendrado un hijo asumen sin reparo alguno ese lugar, con coraje, amor y compromiso.

Esa es una parte de mi historia…

Yo no crecí con mi padre, tampoco con mi madre, ellos me dejaron al cuidado de mis abuelos y una tía; desde el mes de nacida, por salud me dijeron, mis otros 3 hermanos sí crecieron juntos y con ellos.

Conservo unas fotos amarillas en las que aparezco con mi papá, por ejemplo de mi bautizo y de una reunión del nido, si no las tuviese, ese recuerdo en mí memoria no existiría.

No recuerdo sus caricias, sus atenciones, no tengo recuerdos de una relación padre e hija, lo que si recuerdo es una escena tierna, consecuencia de una travesura que hice en una de sus visitas.

Era curiosa, no estaba quieta, quizá era la alegría de ver a mis padres aunque sea corto el tiempo me hacían hacer cosas por llamar su atención, sucedió que presioné el botón de una máquina cortadora sin darme cuenta que su mano de mi papá estaba apoyada sobre la mesa de ella y corté su dedo medio, pudo haberlo perdido por completo, todos gritaban por el accidente, mi madre lloraba culpándome, corrían los demás a auxiliarlo, ¡qué escándalo!, yo tendría 5 o 6 años pienso, era muy pequeña, me asusté mucho, y durante esos eternos minutos de terror, llevo de mi padre grabada su mirada, su sonrisa, su tranquilidad diciendo “no ha pasado nada”, todo porque yo esté tranquila, por atenuar mi carita de susto y preocupación. No perdió el dedo, tampoco quedó igual.

¡Simplemente fue mi héroe!

Mi tía y mi abuela, tuvieron un amor egoísta y posesivo conmigo, muy estrictas y tradicionales, exigentes, autoritarias y matriarcales, nunca me hablaron bien de mi padre, de pasadita tampoco de mi mamá y que me dejen verlos era un día de suerte para mí, no importa con sus restricciones y condiciones. Hoy sé qué fue crecer sin mi padre y no tenerlo en las etapas más importantes de mi vida. Y aunque tuve de todo y nunca pasé necesidades, con un abuelo – padre ejemplar, reconozco que me hizo falta la presencia de mi papá.

Algún día escribiré esa parte marcada de mi historia entre la niñez y la adolescencia.

Pero bueno, la vida quizá fue dura conmigo, Dios compensó la ausencia de mi padre con mi abuelo, mi Papilla (así lo llamaba), él asumió el papel de padre con coraje y amor. Y aprendí el valor de la responsabilidad.

Fue mi mayor consuelo, mi bálsamo, mi ejemplo, el pilar donde empecé a construir la historia de mi vida, todo lo que soy, lo soy gracias a él. Y aprendí el valor de ser agradecida.

Recuerdo sus caricias, los baños de las tardes, los paseos en triciclo, los cuentos que me leía y aquellos que inventaba y que mágicamente me hacían tener la boca abierta y que yo creía real. Y aprendí el valor del amor.

Siempre tuvo tiempo para mí, me dio calidad, me educó, nunca me habló mal de mis padres, sólo me amaba bien. Y aprendí el valor de la lealtad.

A él recurría cuando necesitaba que me defienda de mi tía y mi abuela, claro a su modo, porque nunca peleaba, ni se ponía en contra de ellas, él negociaba siempre a mi favor y yo no podía fallarle. Y aprendí el valor del respeto y la confianza.

Tenía su estudio en casa, pero hizo uno también para mí en otra habitación de ella, me regaló mi primer tablero de dibujo, estilógrafos, reglas, pistoletes, cartulinas, carboncillos, libros, pinceles, pinturas, tintas. Él siempre creyó en mí. Y aprendí el valor de la equidad.

Al primer día de clases en el nido, me llevó de su mano, él me daba seguridad hasta que llegamos, y yo partí en llanto, de miedo, no quería separarme de él, no quería que me dejara ahí, fue entonces que vi sus lágrimas caer al verme así; mientras nos alejaban a uno del otro. Y aprendí el valor de la solidaridad.

Mi cumpleaños era una fecha muy especial para él, aún viejito, esperaba las 12 para ser el primero en saludarme, por hacer mi día más que especial y cuando tuve a Gabriel, mi hijo, eso no cambió, ya no era sólo una fecha especial para él, eran dos. Fiel siempre. Y aprendí el valor de la amistad.

Así pasaron casi 30 años de mi vida, al amanecer después de una larga agonía, murió en mis brazos, no sin antes hacerme saber que siempre cuidaría de mi hijo y de mí esté donde esté, y que nadie debía quererme menos que él. Y Aprendí el valor de la perseverancia y la valentía.

Admito que al perderlo me sentí desamparada, el dolor fue grande al aceptar que ya no estaría más, pero luego entendí que sólo extrañaría su presencia física, porque llevaba en mí no sólo su recuerdo sino también sus enseñanzas, su manera de luchar, su ejemplo, porque él tampoco tuvo padre, pero sí una madre y un abuelo que supieron amarlo y educarlo.

Y quién diría que nuevamente la vida me compensaría, que a esta edad yo podría entablar con mi padre una maravillosa relación padre e hija, quién diría que la que menos tuvo a su lado, le iba a demostrar que lo quería al lado del suyo con firmeza.

Hoy mi padre tiene la oportunidad de sentirse padre conmigo, de ser el mejor abuelo de mi hijo, y en sí, de todos sus nietos, hoy él puede hacer con ellos todo lo que no hizo con nosotros cuando éramos pequeños.

Convencida que el ejemplo, es la mejor manera de educar, así crecí yo, con valores que son mis raíces, las que hicieron de mis decisiones aciertos.

Y cuando el padre de mi hijo se fue, comprendí que un padre puede estar ausente de muchas maneras, que de ninguna manera es lo mismo que no exista, sea el padre que sea, el vínculo de amor hacía él no se rompe, la sangre es la sangre, no se deja de sentir amor, es lo que me pasó y es lo que vi que pasó con mi hijo.

Gabriel es fruto de un joven amor que alguna vez sentí, lo mejor que hicimos juntos y lo que nos unirá como padres siempre, aunque ambos hayamos elegido rumbos diferentes y responsabilidades distintas. Nunca me dio miedo asumir el rol de padre y madre a la vez.

En mi experiencia sé lo importante que es el aporte del padre en la vida de un hijo, y aunque él no es un buen padre, siempre quise que la imagen que tenía Gabriel de él no se distorsione perniciosamente, su salud emocional siempre ha sido lo primero para mí, apagué sus incendios hasta cuando pude frente a mi hijo y no me arrepiento.

Al crecer experimentó la realidad de su ausencia y desinterés, entonces cambié el escenario, empecé a contarle cosas buenas, anécdotas, costumbres y lo bueno y malo que vivimos su papá y yo, por ser jóvenes, por nuestra inexperiencia, también nuestra inocencia.

La vida ha sido dura conmigo, pero siempre me ha compensado con generosidad, y mi agradecimiento cada vez es más fuerte, porque gracias a mi abuelo, siempre supe que Papá no está, pero sí existe… hoy lo tengo conmigo.

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Published by Alborada
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Comentarios

jesus vega 10/17/2015 03:27

gracias por compartir es primera ves que entro aun blog me gusto tu historia de vida y tu experiencia es verdad el ejemplo de una personas logra grandes cosas en una vida de alguien al leer la historia de tu abuelito me hace reflexionar sobre lo importante que es el ejemplo de padre para los hijos. me siento conmovido con la historia y me quedo pensando seria mente de ser padre soy casado y aun no tenemos hijos es un tema que junto con mi esposa hemos platicado seriamente por varias razones. bueno no quiero comentar mucho me gusto tu historia y espero seguir en este blog gracias por ser valiente y compartir tu experiencia de vida que DIOS TE BENDIGA.

Presentación

  • : PALABRAS DEL SILENCIO
  • PALABRAS DEL SILENCIO
  • : Pase por tantas cosas como la de un amor que parecía dibujar promesas en la arena, de aquellas; que se borran con el pasar del tiempo ó con el venir del mar… Por ello mi amor, hoy por hoy, lo declaro en persona y lo escribo día a día en mi corazón esperando compartir con esa persona un gran amor… En mi orilla se dibujan emociones, no es que muera de amor, simplemente muero por sentirme amada…
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  • Por convicción, ver crecer a mi hijo convertido en un gran hombre y ser humano. Por principio, lealtad. Por pasión, pintar. Por circunstancias, escritos Amateur. Por persuasión, casarme con un vestido rojo. Por bandera, ver amanecer.
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