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18 octubre 2009 7 18 /10 /octubre /2009 15:59


Era una de esas noches frías donde el viento helado atravesaba mi abrigo, logrando entumecer mis huesos.

El autobús me dejó ahí. Caminé por esa solitaria calle buscando en ella ese rostro conocido que tantas veces habían acariciado mis labios.

Era evidente, inmediatamente lo descubrí por aquellos lugares dónde caminamos de la mano.

Allí estaba, en mi recuerdo. Tan alto y yo llegándole a los hombros.

Siempre me he preguntado por qué me gusta tanto físicamente, por qué me atraen los hombres altos, con ese color de piel bronceado y cabello negro… Sí! así me gusta él.


Esa noche yo lo volvería a ver… antes de llegar a casa; entré al calorcito de ese café, me senté en el rincón, con una imagen en mi mente, visualizando su mirada de aquellas primeras veces en las que eran una incógnita.

No había más, así es que confié en que el café, humeante y calentito, me reconforte como sólo él sabe hacerlo.

Rondaban ahí, mis sentimientos antagonistas, sensaciones no olvidadas, etc. Había algo que no podía creer y que es algo innegable, nuestra química cuando estamos juntos. Alguna vez trate de encontrar la fórmula que revocase esa atracción ¿Vital ó Fatal? de cualquier modo… doloroso cuando él estaba ausente…

 

Llegó la hora y con ella; él, traía esos ojos tímidos, estaba en mi puerta otra vez, saludándome con un beso en la mejilla y en mi trémulo cuerpo esas incontrolables ganas de abrazarlo, no comprendía hasta ese momento; porqué presintió mi corazón un final.

De pronto tuve la necesidad de mimarlo, de borrarle todo aquello que le cause malestar y de sellar en él, ese dulce sabor de mi paciencia.

Albergarlo con suaves y dulces palabras mientras mis manos buscaban las suyas.

¡Qué cerca y qué lejos!

Él se quedó parado como un extraño. Qué irónico, yo sedienta y él un desierto.

Se recostó en mi almohada rehuyendo a mi mirada, yo me incorporé pidiendo que su mirada se conecte con la mía, zambullida en sus ojos intentaba situarme con algún pretexto en esa puerta tan difícil de atravesar.

 

Lo sentí acorralado, en silencio y su lucha era interna. De pronto empezó a hablar. A enumerarme las múltiples actividades de estudios y trabajo que sustentaran quizás su ausencia todo ese tiempo y yo sintiendo en mi espalda una mochila que no me pertenecía.

Dos minutos fue su sesión de palabra, pero suficiente para quebrarme el alma, yo necesitaba sacar de mi espalda una carga que no me tocaba llevar.

 

Sólo pregunté si era yo. ¿De qué? –me preguntó-. Hemos hablado ya, no hay nada más que decir, soy yo el problema… tú me has dado más, rehuyendo nuevamente a mi mirada.

Creyendo que yo reclamaría algo tal vez; porque él había renunciado.

No!!!, no había reproches, no hubo un pacto, no firmamos un contrato, sin embargo yo lo amaba como a nadie, él cambió mi vida, hoy eso es un hecho, un atributo merecido y un profundo agradecimiento.

Pero en ese momento sólo quería disfrutar lo que me quedaba de él.

 

Me refugié entre la oscuridad de mi habitación, escondí el llanto, no quería que él viera mis lágrimas, absurdo orgullo quizás, prefería romperme a solas que doblarme frente a él, como dicen por ahí, es mejor morir de pie que de rodillas, por ese orgullo perdí la oportunidad de decirle “te amo, tu eres una de esas razones que hacen mi vida mejor”, mirando sus ojos.

 

Nos quedamos en silencio y coincidimos en un beso, él peinaba con sus manos mi cabello, sus besos siempre han sido mi debilidad y sus caricias mucho más…
Como adictos acabamos bebiendo del deseo; siempre latente en las entrañas de nuestros frágiles cuerpos, pero ahí permanecimos, abrazados, callados, sintiendo la energía que irradiaban nuestros cuerpos al hacer el amor.

 

Pero yo no estaba allí en busca de sexo, él como hombre me encanta y lo es en toda la extensión de la palabra, pero esta vez mi necesidad era otra más imperiosa que satisfacer mis instintos sexuales.

Yo buscaba una conversación desnuda, sin verdades a medias, tan sólo la “verdad” desprovista de todo…

 

El amanecer como siempre nos dio el recibimiento, mientras nosotros sellábamos nuestro encuentro con apasionados besos y húmedas caricias, esa mañana hicimos el amor otra vez, como nunca antes lo había hecho, era él en toda su plenitud, mientras lágrimas no contenidas al mismo tiempo me recordaban el sabor agridulce de una despedida.

 

Había llegado el momento!!! Nos fundimos en un fuerte abrazo…
-Cuídate!, Llámame cuando regreses de viaje –me susurró. -Cuídate mucho ¿sí? –agregué yo,  mientras sus brazos rodeaban mi cuerpo y mi rostro pegado en su pecho, con un nudo en la garganta y el brillo en mis ojos le pregunté… -¿Nos volveremos a ver? mirándome dulcemente, me dijo - Sí! yo seguiré viniendo por aquí.
-

 

Bajamos las escaleras en silencio, ya en la puerta puso un dulce y rápido beso en mis labios y una suave y delicada caricia en mi rostro.

 

Me separé despacito, mientras el caminaba directamente hacia su auto. No volteó ni una vez, abrió la puerta delantera, subió y entonces… hizo un gesto con la mano de despedida.

Qué profunda pena sentí, pena de regresar al no saber si lo volvería a ver, tantas veces se fue, tantas otras regresó, pero esta vez había un particular sabor a despedida…

 

Allí seguía yo viéndolo marcharse, de pié, con un temblor que me abarcaba todo el cuerpo, entre la pena y el llanto, le sonreí…

Entre el ruido de su auto encendido se perdían mis fuerzas, alzando mi mano diciéndole adiós y en silencio un "Te amo mi amor... Hasta siempre...”

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Published by Alborada - en Diario
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Comentarios

gravidanza 02/10/2012 13:05

precioso relatao, te amo mi amor...hasta siempre!!

Presentación

  • : PALABRAS DEL SILENCIO
  • PALABRAS DEL SILENCIO
  • : Pase por tantas cosas como la de un amor que parecía dibujar promesas en la arena, de aquellas; que se borran con el pasar del tiempo ó con el venir del mar… Por ello mi amor, hoy por hoy, lo declaro en persona y lo escribo día a día en mi corazón esperando compartir con esa persona un gran amor… En mi orilla se dibujan emociones, no es que muera de amor, simplemente muero por sentirme amada…
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  • Por convicción, ver crecer a mi hijo convertido en un gran hombre y ser humano. Por principio, lealtad. Por pasión, pintar. Por circunstancias, escritos Amateur. Por persuasión, casarme con un vestido rojo. Por bandera, ver amanecer.
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