Pase por tantas cosas como la de un amor que parecía dibujar promesas en la arena, de aquellas; que se borran con el pasar del tiempo ó con el venir del mar… Por ello mi amor, hoy por hoy, lo declaro en persona y lo escribo día a día en mi corazón esperando compartir con esa persona un gran amor… En mi orilla se dibujan emociones, no es que muera de amor, simplemente muero por sentirme amada…
Hoy me levanté con el alba, pensando en ti. Salí de casa con un ánimo diferente al trabajo, el cielo estaba hermoso, lo vi desde temprano reflejado en mi ventana, inmediatamente mis recuerdos decidieron hacer un descanso en ese amanecer de verano…
Estábamos sentados en la arena… -¿Vamos al mar?– preguntaste!, tomaste mi mano y caminamos hasta la orilla, un extraño poderío recorría mi cuerpo cada vez que la espuma de las olas acariciaran mis pies, una tras la otra, dejándolos brillar con esa luz maravillosa del sol; que lo invadía todo. Mi mano sujetaba fuertemente la tuya, con firmeza entrábamos más; poco a poco, el mar se mecía suave, insinuante, sensual y tentador.
Nuestros cuerpos dorados, el cielo completamente iluminado y el horizonte inmenso y nuestro.
La Luna, respetuosa siempre de la intimidad de los amantes, tímida, cautelosa y prudente, no tenía ni punto de comparación con el Astro Rey, él es todo lo contrario, osado, con su rojo imponente y su perfecta forma redonda, cada rayo iba pintando nuestra piel, dejando nuestros cuerpos con ese color que me encanta ver en tu piel y en la mía.
Mis pies reflejaban ese color excepcional y glorioso… y tú; a mi lado llenando todo mi interior con tu luz, tú eras mi inmensidad, con ese rostro imbuido, gozando de la brisa fresca y acariciadora que me tentaba tanto aquel verano.
Hoy sentí esa tentación, pues algo en mi profundo yo, me dice que ahí; al final de esta reminiscencia estás tú, al viento, con tu rostro iluminado y sonriente, extendiendo tus brazos, anhelando abrazarme y fusionarte conmigo.
Es el abrazo más deseado en mi vida, el que hoy intuyo imposible; como imposible será que otro que pueda suplantar a éste.
Pase por tantas cosas; como la de un amor que parecía dibujar promesas en la arena, de aquellas que se borran con el pasar del tiempo ó con el venir del mar.
Ya en mi vida he visto muchas olas romperse en la arena de mi playa, como para creer que existen sirenas.
Por encima de la razón, mis sueños incluso esos sueños imposibles, son los que me mantienen viva, yo creo en los sueños, son las vitaminas de mi alma eterna y tú mi universo infinito.
Tú eras un sueño… ¿Cómo podría pensar que mis sueños son esa espuma de olas que vienen y luego desaparecen? Si hoy eres realidad.
Esos días de playa fueron imborrables, aún siento esa melodía imperecedera, reiterativa, que seducía nuestro día dándonos su encanto, el murmullo del mar es la cadencia más perfecta que jamás escuché y fue a tu lado.
¿Recuerdas cuánto amor sentimos ese atardecer?
Nos sorprendió haciendo el amor bajo el agua fría de la ducha; cubriendo nuestros ardientes cuerpos, nuestros deseos aparecían con toda su intensidad… allá afuera el sol, lentamente desvaneciendo su rojo intenso y las gaviotas en busca de un refugio…
Al llegar la noche, la penumbra nos invitaba al abrazo amoroso, a la entrega total, mientras un suave manto iba cubriendo nuestro amor.
El sol y el amanecer han compartido nuestros fogosos amores al despertar. Y el atardecer! Procuraba dejar en la intimidad el amor que había encendido a lo largo del día con su calorcito.
¡Mi amor! He soñado contigo, has estado a mi lado otra vez. ¡Cómo te adoro!
Percibo en mi piel tu perfume, tus caricias, tus carnosos labios recorriendo mi espalda, cómo deseo ardientemente que pudiéramos compartir esto y en este momento, poner en tus labios un beso en libertad, dibujar una tarde en tu desnudes y a tus pies aquellas vivencias que sean tu razón de volver a creer.
¡Mi amor! ¿Qué es lo que no nos permite caminar por la playa, con la brisa del mar y el cielo en nuestro horizonte?
Cada amanecer, cada atardecer, cada anochecer, experimento estos sentimientos, te extraño, con la ilusión reiterada de que estás allí, al lado derecho de mi cama.
No quiero voltear a buscarte y ver en mi playa, en la arena húmeda tu huella.
Sí, quizás algún día me decida a caminar sola sobre esta playa, refundiendo mis pies descalzos en la arena de mis recuerdos; en busca de ese amanecer donde vuelva a encontrar mi sueño en el infinito.