Me quedé atónita por la sorpresa de aquella melodía configurada en mi móvil sólo para Ignacio, él
estaba llamándome.
Calmé
en segundos y como pude mi aceleración cardiaca, tenía que mostrarme como sí todo estuviese bien, no tenía porqué revelarle qué efecto causaba en mí su llamada, mucho menos algún indicio de que
su adiós me había desgarrado el alma aquella vez.
Sabía
que era muy difícil ser indiferente, sobre todo cuando había tenido que arañar paredes para sobreponerme y continuar mi vida sin él, pero al otro lado del teléfono Ignacio me recordaba que seguía
siendo mi debilidad y que aún sabiéndolo se había alejado de mí.
Creí
tener controlada la situación y contesté:
-
Hola ¡¡Nacho!! ¿Cómo estás? (odiaba
la hipocresía pero me sentí una maestra de ella).
-Bien, reina, ¿Por qué? ¿Tú cómo estás?
-Bueno Nacho… (Preguntaba cómo
estaba y yo estaba al borde del desmayo por semejante impresión; en duda y cuestionándome su decisión de nuestra última despedida. Ahora
sí me sentía flotar, primero es que me llamaba otra vez “reina” reviviendo cada momento de nuestro pasado, segundo es que no había cambiado su frescura y lo caradura, me dejó porque necesitaba
estar solo, dijo que no podíamos seguir juntos y ahora llamaba simulando que nada paso después de su adiós!, y tercero y no menos importante, me pregunta ¿por qué? como si buscara que yo deje en
evidencia que esperaba sentirlo mal, triste o nostálgico por preguntar ¿cómo estás?) creí tener claro tu Adiós y admito; me sorprende tu llamada.
- ¡Es cierto! Pero te extraño, te pienso y no quiero que dejemos de ser amigos, decidí llamarte, y aquí estamos otra vez.
-¡Ya! (Ok
¡¡¡Me lo inyectó a la vena!!! Ignacio me sometía con su mirada, pero una vez más comprobaba que sus palabras también eran letales para mí y me dejaba sin qué decir).
-¿Ya?
-Sí, en verdad también te he extrañado mucho este tiempo (Me
di palmadas en la frente, ya había demorado mucho, mi yo melancólico y nostálgico se desesperaban por hacerse notar, quede desprotegida y abandonada por mi yo indiferente, mucho más cuando él ni
siquiera se había interesado en saber si yo lo extrañaba o no… Oh Dios! porqué seré así).
-Reina, ¿Cómo has estado?
-(¿¿¿Cómo has estado??? ¿¿Yo estaba loca o él no sabía que me dejo en estado de coma?? ¿¿Y ahora me dice reina otra vez?? Debía retomar mi yo indiferente!)
-Muy bien, Nacho. Con mis actividades de siempre, algunos nuevos hábitos y días espectaculares.
-¿Así? ¿Cuéntame más?
-¿Más? (¿Qué
esperaba, que detalle mis noches llorando, mis madrugadas revisando el correo a ver si había algún mensaje de él, impaciente si el celular sonaba con aquella canción “Cuando duermes” de
Cómplices, que perdí el apetito por tanto extrañarlo, qué había decidido hasta unos segundos antes de su llamada retomar las riendas de mi vida y ser feliz con alguien que si esté dispuesto a un
compromiso, y no hablo de noviazgo, anillo o matrimonio, sino el compromiso de empujar junto a mí el carrito de la felicidad, apostando, por lo menos el intento, sin miedos, prejuicios estúpidos
y excusas absurdas!, que tenía más de un pretendiente rondando e inquietando mis días con detalles, que bailé y me embriagué con unas amigas y amigos, con la única consigna de no pensar en él y
poder divertirme sin sentir culpas?).
-¿No
tienes nada más que comentarme? ¿Algo que no me hayas dicho?
-Claro! Pero no pensarás que te las voy a detallar. ¿Verdad? (Honestamente detesto sus cuestionamientos, mucho más la frescura de su pretensión luego de haberme cortado, se
supone que ya no éramos nada! Encima y es que lo conocía tanto, que no demoraría en malinterpretar mi respuesta y me diría para vernos, asumiendo que era un mensaje subliminal para propiciar un
encuentro).
-¿No has salido con alguien más?
-Sí! Pero no sé a qué te refieres puntualmente (Sí lo sabía) ¿Creo que ambos hemos hecho mucho con nuestras vidas este tiempo no? (Sabía
que lo dejaba en jaque, porque él; lo menos que quería; era hablar de sí mismo, menos si salió o intentó algo con alguien más, yo debía seguir siendo el plato de fondo, por tanto lo demás
palidecía)
-Bueno reina, (Bingo, no quería hablar de él) vamos al
grano, veámonos.
-De acuerdo ¿para qué quieres que nos veamos? (Él
quería ir al grano y yo debía ir a su paso, con el corazón más acelerado que nunca)
-Jajaja ¿Para qué puede ser?
-No lo sé pues Nacho, (eso
era muy ambiguo, quería que yo ponga mi cabeza para que él la corte, quería que pise el palito, ¿qué le respondía? ¿Era hora de soltar mi veneno y reclamar su adiós y su
regreso?)
-Quiero verte pues Male (Me podía morir, esto ya estaba poniéndose serio, me
llamaba con el diminutivo de mi nombre… o sea, ¿la próxima sería mi nombre a secas? Así como Federico cuando lo llamaba Doña Florinda a Kiko si se portaba mal)
-Está bien, ¿hoy? (¡¡¡Qué
tonta!!!,no debí ponérselo tan fácil, la más ansiosa yo con esa pregunta, pero él era mi debilidad y yo seguía atrapada entre dos fuegos, entre lo correcto y lo incorrecto)
-Sí! Entonces paso por tu casa como a las 8pm.
-Perfecto! (Sí!
Perfecto, yo estaba poniendo fecha y hora a mi muerte, sola nuevamente estaba poniéndome la soga al cuello, pues estaba convencida que más temprano que tarde el terminaría conmigo y volvería a mí
la desolación, se iría la tranquilidad conquistada en ese tiempo en el que supuestamente yo estaba en proceso de cicatrización de ese recuerdo).
Colgué reprochándome por qué había dejado volver a mí esa debilidad, esa adicción por él, esas ganas contenidas
de verlo, peor aún, sentirlo.
Estaba a pocos minutos de las 8pm, impaciente, ansiosa, preguntándome que ropa traería, qué gesto haría al
vernos, cómo me saludaría, cómo reaccionaría yo, teniendo claro, mejor dicho convencida que él volvía a lo mismo de antes.
Yo tenía, no, no, no, yo no debía ser tan masoquista, porque luché por salir del hoyo en el que él me dejo, porque fue como despertar de un coma, ¿Qué derecho tenía yo de hacerme eso?, pues
muchas veces comprobé que era fuerte, que había sido valiente, que había salido de peores situaciones, que había dominado mi vida tomando yo las riendas y no dejándolas en otras manos que no
compartían los mismos intereses.
¿Qué
hago? Me preguntaba mil veces, Dios dame una señal divina, ese huracán que denotaba una personalidad implacable, estaba a minutos de regresar a mi vida.
Había
rezado tanto para que Dios me regale otro momento junto a él, imaginando como sería volver a verlo, pero llegada la hora no sabía qué hacer, esa droga se llamaba Ignacio y había vuelto cuando ya
en mi vida había un nuevo personaje, alguien que me miró con los ojos más tiernos cuando yo era lo que él decidió ignorar, que había hecho palpitar mi corazón a mil sólo con sus ocurrencias, ese
hombre me encantaba y a pulso me enseñó a querer sus besos, ese hombre había compartido conmigo mis días de desolación y los había cambiado por completo sin apenas percibirlo.
¿A cuál de los dos necesitaba en ese momento? ¿A cuál de los dos esperaba?
¡Por qué regresaba! ¿Cuál fue el delito? ¿No haberlo llamado? ¿No haberlo buscado?
¡Qué
me asustaba! ¿Haber perdido años con él; sin llegar a nada?
¡Qué
me confundía! ¿El sentirme débil al escoger un sexo placentero o sexo con pasión? Tenía claro que ya no quería más sexo sin amor, sin compromiso, sin verdadera entrega, sin los cinco sentidos,
sin el alma y la piel.
Pensaba que de un tiempo a esta parte, ya dormía mejor, amanecía feliz, durante el día y sin razón, algún
suspiro se me escapaba con una sonrisa, había salido de mi burbuja, había conocido el mundo fuera de mis cuatro paredes, un perfecto atardecer, un amanecer increíble, salida con amigos, cenas,
desayunos, almuerzos, porque en esos días de invierno me la había pasado en compañía.
Faltaba poco y sabía que inevitablemente volvería a los brazos de mi ex, que jamás me había regalado nada de lo
que tuve sin él, en cambio sí me había hecho sufrir súbitamente con un amor incierto.
Bueno
ya era hora, ya estaba bien que deje mi ataque de histeria, que me controle y me comporte como una mujer adulta y madura.
Retoqué mi maquillaje, me perfume y era él, entonces me dije, Vamos Male, todo irá bien.
Me miró fijamente y sonrió, con un fuerte abrazo nos saludamos, con firmeza dijo: -Qué bien te ves y yo ocultando la trémula sensación de mi cuerpo respondí: -Gracias! ¿Tú cómo vas?
¡¡No
sé porqué!! Ni qué tan oportuno era, pero mi celular sonaba con una nueva melodía “Junto a ti” de Sin Bandera y Vico C y quién llamaba era Alejandro.
Ignacio y yo sincronizamos nuestras miradas, yo pensando qué hacer, si responder o no, y él; porqué no lo hacía
y lo pensaba tanto.
-¡¡¡Hola Ale!!! ¡¡¡Qué sorpresa!!! (Qué obvia era por Dios!!! Por la Sarita que temblaba y
lo demostraba perfectamente frente a Ignacio, que me conocía tanto)
-¿Así? ¿Y esa sorpresa es por algo en particular?
-Noooo, ¡¡¡claro que no!!! (Insisto, fui muy evidente)
-Jajaja, está bien, te llamaba para decirte que estoy pasando por tu casa en un rato más para ir donde
quedamos (Rayos!!! Definitivamente lo olvidé por completo, estaba comprobando de Ignacio me alejaba de la realidad y eso no podía seguir siendo así)
Ignacio me miraba con asombro, casi puedo asegurar; reprobando mi actitud de contestar esa llamada en su
presencia.
¿¿Cómo le explicaba que el hombre que estaba al otro lado del teléfono; me alegraba y me hacía sentir realmente
una reina y no porque me lo diga, sino porque así lo sentía?? ¿¿Cómo le explicaba a Alejandro que tenía frente a mí, al hombre que me había desgarrado el alma un tiempo atrás?? ¡¡No quería
mentirle, pero tampoco quería cancelar mi cita con él y mucho menos que piense que le había mentido y sienta desilusión; absurda por cierto!! ¡¡Pero también sentía que tenía con Ignacio una
conversación pendiente y decisiva, no podía huir más!!
-Ale!! ¿Te parece si te llamo en un momento?
-¿¿Está todo bien?? (Temblaba que me pregunte dónde estaba y con quién y ahí desearía que
la tierra se abra para caer sin piedad)
-¡¡¡Claro!!! Te cuento luego
-Ok (Fue su gélida y confundida respuesta y cortó)
Ignacio siempre había sido el triunfador y héroe de todos mis momentos, pero creo que ese instante lo estaba
dejando sin piso ó peor aún dañando su imperioso ego.
Yo me quedé confundida y por algunos segundos en silencio, mirando al hombre al que había querido sin medidas, y en el corazón sintiendo que Ale estaba quizá confundido por mi tonta
actitud.
Tropecé mil veces, pero jamás me quede tirada en el piso dando lástima, sabía que si le hacía caso a mi corazón
esta vez haría lo correcto.
Ignacio! Me dio mucho gusto verte, así como la agradable sorpresa de recibir tu llamada; confieso que no
esperaba verte tan pronto, pero saber que estas bien y dispuesto a que sigamos unidos por una amistad, sabe reconfortante. Creo que son muchas emociones para un solo día, coordinemos en la semana
para vernos con más calma.
Finalmente este tiempo no fue tan malo, pues comprendí que tú no estás dispuesto a un compromiso, a la vida de
pareja, a una vida en común… ¡¡Ahora todo está bien, dejemos que llegue lo mejor para nosotros!!
-¿Estás bien? (Me preguntó como diciendo… ¿Estás loca o qué te pasa?)
-Me
siento mejor que cualquier otro momento que compartí a tu lado.
Me
lance a sus brazos, con infinita paz lo abrace y le dije –ese perfume que usas es uno de mis favoritos, me encanta! ¡Nos vemos!
Me di
media vuelta y regrese a mi casa, con una sonrisa que no podría descifrar, subí corriendo las escaleras, mientras marcaba a Alejandro, contestó y me dijo estoy en tu puerta.
Me quedé fría, era evidente que me vio hablando con Ignacio y yo quería aventarme al mar en ese
momento.
¿¿Qué
pasó?? Preguntó ni bien me vio y con desconcierto.
Lo
abracé fuerte y lo besé con plena y absoluta libertad, no tenía seguro que él era el hombre de mi vida, si con el envejecería y convertiría mis más dulces sueños en una estupenda realidad, pero
por primera vez en mi vida esa noche había decidido tener paz, ser feliz y dormir tranquila, sin culpas ni remordimientos absurdos.
Alejandro es el hombre más tierno que yo conocí, transparente, de buenos sentimientos y correspondió a mi beso
sin reparos ni miramientos.
Me abrazaba tan fuerte como para que no me escape más de ellos y en cuanto a Ignacio; yo me sentí
feliz y más fuerte que nunca al saber soltar su mano…
Aquí dejaron su huella...